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Perspectivas del subconsciente descrito por Freud

(Sensación de impulso contradictorio, 2016). Matteo Bultrini -Roma, 1979- vive y trabaja en Pratola Peligna en la provincia de L’ Aquila, en la región de los Abruzos. Su pasión por el arte y la pintura nació siendo niño , gracias a los muchos viajes con los padres,  amantes del arte.  El lenguaje que utiliza se inspira en elementos de las obras de los grandes maestros del arte moderno y contemporáneo como Modigliani , Burri , Pollock o Rauschenberg .

Estancia de la memoria de las pulsaciones freudianas, 2014

En 2007, en París,  Bultrini visita la retrospectiva de Robert Rauschenberg y a partir de entonces en sus obras  se produce un replanteamiento y un cambio en su estilo y en su lenguaje artístico. Así comienza un trabajo de introspección y reflexión sobre la existencia, que duró casi un año . Un período que conduce al ciclo de obras tituladas ” Pièces Noires “.

Perspectiva de un Yo con línea y cerco, técnica mixta y combustión, 2016

Percepción coherente, mixta y combustión, 2016

Perspectiva de fuerzas ignotas, 2016

Matteo Bultrini en su estudio

La pintura abstracta se convierte en el medio para expresar todos sus sentimientos y emociones. De gran importancia es la elección de los materiales utilizados que marca toda su trayectoria artística . El material procesado MDF se convierte en la base de apoyo de sus creaciones. Las primeras obras denotan la fuerte influencia del  artista estadounidense Jackson Pollock (goteo). Por otro lado, en los últimos años Bultrini adquiere el conocimiento de que sus obras se pueden utilizar todo tipo de materiales, por ejemplo, los residuos reciclados tirados.

Perspectiva de un Yo y cerco. Técnica mixta y combustión, 2016

“Si es difícil para muchos artistas hablar de su pintura,  aún es más difícil para mí. Mi forma de pintar se definió como original, inusual, emocionalmente fuerte y así sucesivamente. Personalmente, creo que la mejor definición para mi pintura es, sinceramente, íntima.”
Los períodos que hasta ahora han caracterizado mis pinturas son básicamente dependientes el uno del otro. Hay obras puramente “informales”, donde las combustiones deforman los plásticos gracias a la fusión con esmaltes y procesos de deterioro de la materia a menudo marcada por pestañas que pueden definir este proceso como una “combustión de acción. Las piezas Noires que quieren ser representaciones abstractas de la memoria del individuo y de sus elementos esenciales.” (Mateo Bultrini)

 

Perspectiva de un Yo y cerco, 2016

La investigación del color y el estudio de Alberto Burri le llevó a experimentar con el uso de la combustión de los plásticos. La combustión de Bultrini pasa a convertirse en una acción instintiva, relacionado siempre con un lenguaje puramente informal.

La habitación de la memoria, 2015

Sala de la memoria de imágenes que reemplazan la realidad, 2015

Cada trabajo suyo es una representación teatral de la memoria y de la mente humana. Hay dos opciones adoptadas: el uso de negro que es lo menos conocido de nuestro pensamiento y  las combustiones que sugieren construcciones mentales abstractas.

Mai cosi vicini, 2016

De la colección Pièces Noires

Posteriormente, la búsqueda de Bultrini se hace más introspectiva, con la mediación del estudio y la lectura de Nietzsche , Freud y el psicoanálisis. En la actualidad, su investigación se mueve hacia la parte irracional del hombre y el sentido de la existencia. DBD2

Paseos por Venecia

Aquí me paso el día navegando por los canales. En el interior de una góndola lustrada por el tiempo, recorro sus calles estrechas como pasadizos míticos, transito bajo los puentes que la historia se encargó de hacer leyenda, y observo la minucia con que la humedad labra la piedra de los palacios: la mancha de musgo con su geografía leonardiana, la balaustrada de un balcón y su rovín añejo, el griterío de las yedras rompiendo el roto entramado de la sillería, las marcas de niveles que corren por los corredores y el abandono de portales que ya casi empiezan a habitar la superficie de las aguas. Dentro de la góndola el mundo es algo que se mueve despacio y lo único del universo es lo que es: el cielo.

Alrededor todo transige con la calma: los gestos de la luz en las fachadas rosáceas —como de almíbar o jalea— de los palacios de príncipes y duques, el paso caminante de los escudos y las muecas que los antiguos dejaron en lo que no nos deja nunca, en la piedra que levanta y afirma, el sosiego de sentirse a un paso de algo, y a la vez, en ese mismo algo: el sosiego de sentirse en una estancia mimada por la historia. No la historia de cancerberos maestros del claroscuro, no la historia de batallas y comercios, sino la historia que la historia no fabrica, que nace del fondo subrepticio de algún lugar de la conciencia, la que nos habla antes de entender, la que se agranda con los calendarios y no caduca jamás.



Hablo de viajeros que aquí escribieron sus andanzas, de nostálgicos que creyeron encontrar el poso oscuro en el que sus lágrimas se tornaban iridiscentes, y de Wagner y su fúnebre cortejo, y de Stendhal en su acorralada personalidad, y de quien vive lo que nunca llega a vivir con el sólo saberse frente a San Marco en una plaza llovida de palomas azules.




Y así un día y otro día, perdido a voluntad en el laberinto de agua que Venecia me construye. Un día y otro día sintiendo el giro del universo en su movimiento calmo mientras la embarcación desprende del agua un rumor como de gozo, como de hembra que abre el filo de sus piernas. Un día y otro día en un tiempo que se detiene en un espacio que no existe: abrir los ojos o cerrarlos es la misma cosa: es tan sólo el mecerse del laúd lo que aviva la conciencia del estar y así la vida se convierte en un mecimiento continuo: un dejarse llevar por la calle del agua a la sombra de un palacio de nube. Me costó al principio, pero ahora es ya lo habitual. El gondolero, siempre el mismo, hinca percha en la amanecida para que en las aguas pueda observar el agua y sus reflejos iridiscentes sobre lo que queda de oscuro: así, la palidez de leche de la piedra desprende en un instante colores imposibles y el agua macilenta refleja las gamas de Kandinski no bien salidos de un callejón donde aún la noche resguardaba su luz.


Hace unos días arreció más la lluvia. Tanto es así que la tormenta lo espantó todo: los turistas, el quehacer cotidiano, el canto de las aves, el motor de las barcazas: era tan quedo entonces el lugar que parecía un crimen mover una mano o pronunciar una palabra. Como sabía dónde encontrarlo, me propuse localizar al gondolero. Nada más verme me sonrió y dejó el vaso de vino: ya empieza también él a ser un poco así, un poco de otro mundo. Recorrimos, sentado él y percheando yo, el cobertor de lluvia con que la Venecia del norte mostraba su condición. Y sobre sus calles, en el silencio de espanto con que la tormenta se anunció aquella mañana, había música: música de canalones con los agudos del metal, música de cornisas goteando a raudales las cuerdas de arpas gigantescas, música de mandolinas sobre poyos o balaustres de piedra pulida, música de percusión diminuta cuando es el turno de las vidrieras emplomadas, música de cuerda en el aguar de gárgolas y en el desaguar de sumideros, música de orquestas enteras en la atronadora descarga de la lluvia sobre las plazas y sobre los heliotropos de las paredes, música del agua sobre el agua en un continuo de adagio, como de clavicémbalo que de repente se vuelve loco y se teclea a sí mismo un movimiento sin fin, una frase hallada en el silencio de sus teclas antiguas, música de Corelli que despierta y vuelve a sonar, muchos siglos después, en los mismos espacios, música primitiva de Monteverdi desterrada de su abandono por la lluvia y su espanto, música de músicas la que el agua inflige al agua, mientras de pronto detengo la embarcación, en mitad de un canal estrecho: ‘tal vez la Obertura de Dioceclano…’ ‘Tal vez, tal vez —me responda el gondolero—, la inglaterra de Purcell siempre fue un poco del sur’.



Pero salimos a otra zona de laberintos y ahora la Chacona de Vitali, y cuando se abre el paso de una larga avenida salpicada por la lluvia es la trompetería de Teleman la que nos recibe haciendo girar el metal de cruces, balcones, veletas, manijas o plomo de cristales que oscurecen su color, y, más allá, donde la lluvia se esconde bajo su propia trampa y parece tragarse una parte de Venecia, es Lohengrin el que soy, sobre un cisne traspasando la aventura de lo consciente, y cuando la luz disuelve la ferocidad de la lluvia, ya la música es todas las músicas y oigo junto a mí un chasquido farragoso: es el gondolero que aplaude, y ahora, cigarro en boca, somos ambos los que aplaudimos y reímos y movemos como muchachos los costados de la góndola, sacamos burla a una sombra que se desliza por la sombra de un ventano de visillos corridos y hasta, como si ya no fuéramos anfibios de tan caladas que tenemos las vestimentas, osamos tocar las aguas, chapotear sobre ellas, arrojárnosla a la cara en un juego de júbilo donde ambos somos dos niños sin prisas.

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De repente vemos, donde nada hay, la figura de un cardenal con unos cartapacios en la mano y luego reímos, reímos como si la risa no tuviera medida, reímos hasta sujetarnos el vientre, hasta tener que orinar por la borda mientras, desde la orilla, una máscara nos saluda, penacho en mano, en tiempo que no es carnaval, y ambos reímos de nuevo, tanto, tan estruendosamente reímos, que caemos en las aguas del canal y entonces sí que parecemos despertar de un sueño. A la vuelta, el gondolero ha seguido con su pose de personaje de otra época, y yo he seguido contemplando el cosmos exacto de las formas, la lentitud del movimiento, la cadencia de las luces, cómo todo se mueve menos yo.

Texto: Abrir los ojos o cerrarlos es la misma cosa, del libro La línea de Luz de Robert Gómez i Pérez. Fotografías: M. Hostalet

La cultura underground muestra su “glamour” en París

Un nuevo vaivén en el mundo de las tendencias locales y nostálgicas ha producido en París, en la Maison Rouge, una reciente exposición dedicada a iconos y símbolos de la cultura francesa underground bajo el título de “Contra-cultures 1969-1989”, que estará abierta hasta el 21 de mayo.

El anti-confomismo y la contestación difundidos por Hara-kiri, magazine satírico precursor de Charlie Hebdo, la provocación de la musa transexual Marie France, carteles, iconos de la militancia política, en total casi 700 obras realizadas por sesenta artistas, se presentan ahora en la Maison Rouge de París.

A través de la exposición se descubre artistas marginales (artistes trash) como Jean-Louis Costes o Roland Topor que simbolizan el lado  subversivo, anticlerical y rock and roll de este período de la historia francesa más reciente.

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Manifestación en París contra las iniciativas para eliminar a los homosexuales lanzadas por Anita Bryant en USA, 1977 © Cathy Bernheim

“Quiero contar una historia del arte diferente de la que nos han enseñado””, dice el comisario de la exposición, François Piron. Esta otra historia tiene en cuenta los lugares olvidados, las cárceles y los suburbios. Todo ello está lejos de la historia del arte que a Francia le gusta contar. A lo largo de los años 1970, el país galo asiste a la llegada del desempleo masivo, los suburbios cambian de imagen hacia el “guetto” de las ciudades dormitorio y nacen las revueltas.

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La escultura Au nom du père (1977) de Raymond Arcier, en el centro de la exposición de París

“Hemos querido mostrar -dice Piron- las posturas rebeldes y contestatarias de 1969 a 1989. La exposición exhibe símbolos y objetos de formas de oposición irónicas, sarcásticas y destructoras que se atomizan en micro-grupos autónomos en el seno de una sociedad como la de la época”.

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Todo un sentimiento anti-policía y, en términos generales, contra la autoridad que se ve reflejado con dinamismo en esta muestra inaugurada por la propia cantante  Marie France. “En los años 70 yo fuí la musa de movimientos muy revolucionarios tanto de mujeres como de homosexuales”, dijo en la apertura Marie, considerada uno de los más importantes símbolos de aquella época.

El período que abarca la exposición se caracteriza por un resurgir de la creación cultural  en contra del “establishement”, marcado por dos acontecimientos que llevan a la decepción frente a la esperanza de una revolución. En este sentido, la contracultura se alimenta del fracaso político.

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Vista de la exposición “L’esprit français. Contre-cultures, 1969-1989”. (© Marc Domage)

La primera desilusión comenzó en 1969. En mayo de 1968, Francia se agita durante un mes. Hartos de una sociedad autoritaria y paternalista, los jóvenes denuncian el capitalismo y la estricta moral gaullista, y se manifiestan a favor de la libertad sexual y de más derechos para las mujeres. Se hace una huelga que pasará a la historia y que hará correr mucha tinta, sin más consecuencias visibles.

La siguiente decepción se produce en 1981. La llegada de Francois Mitterand al poder despierta una esperanza general, pero su mandato no resulta convincente.

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Le Torchon brûle, n° 1, 1971. (© Courtesy Collection Dixmier)

Es en este mundo político que ha resultado decepcionante donde germina una buena parte del underground francés y donde se verá el nacimiento de una prensa subversiva y nihilista. Así queda dibujado el marco temporal que propone abarcar la actual exposición de la Maison Rouge parisién.

Foto primera: Miembros de las bandas de Gazolines y de To the Top  en Les Halles de París, en 1975 © Philippe Morillon

René Magritte, entre dos luces

 

Lo que destroza el corazón del amante es esa noche en la cual se interna su amada. Él la despierta, sólo para descubrir una sonrisa de hiena en el rostro de esa mujer (Djuna Barnes, El bosque de la noche)

 

L’Empire des lumières es una pintura realizada en diferentes versiones por René Magritte.  La que publicamos es una de 1953-4, que está expuesta en la Peggy Guggenheim Collection de Venecia. Hay además otra versión de 1950 en el MOMA de Nueva York,  una de 1954 en  los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica y otro trabajo, realizado en 1967, en una colección privada.

En el fondo de la pintura se encuentra un cielo azul salpicado de nubes blancas contra un  primer plano en el que se representa una calle oscura, con una farola que ilumina débilmente una casa rodeada de un paisaje sombrío y completamente nocturno. Las formas son tridimensionales, la técnica es impecable, casi académica, pero la peculiaridad de la pintura es la opuesta realidad representada. 

En este trabajo Magritte utiliza el método usado en el oxímoron , una figura retórica que consiste en emplear  palabras que expresan conceptos opuestos; en este caso la imagen del día y de la noche. El artista reconstruye un procedimiento típico de los sueños cuya  influencia, a través de las teorías freudianas, sobre artistas surrealistas como Magritte condujo a considerar el sueño como la esencia del hombre y por lo tanto su representación se convierte en esencial.

Empire of Light (L’Empire des lumières), 1953–54, oil on canvas, 195.4 x 131.2 cm, Peggy Guggenheim Collection, Venice 76.2553 PG 102 © René Magritte, by SIAE 2008

Sixto Rodriguez, albañil y músico resucitado

 Sixto Rodriguez nació en Detroit, Michigan, en julio de 1942. Sus padres eran inmigrantes mexicanos. Rodríguez se casó y tuvo tres hijas Eva, Regan y Sandra Rodríguez.

 

Jesús Sixto Diaz Rodriguez, cuyo trabajo en Detroit era peón de la construcción, había grabado dos Lpés a finales de los 60 con canciones comparables a las que estaba haciendo entonces Bob Dylan pero con otras influencias. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, los discos no tuvieron apenas repercusión en EE.UU.

Pero en los  años 70, llegaron a Sudáfrica dos LPs de Sixto Rodriguez llevados por una californiana  (Cold Fact y Coming from Reality), cuyas canciones acabaron  convirtiéndose, por el boca a boca y la grabación de cassettes, en un icono de la rebeldía, y del antiApartheid.

 Hasta tal punto llegó su fama que una productora sudafricana reeditó los dos álbumes y lanzó un tercero recopilatorio que llegó a ser disco de platino, sin que a Rodríguez, a Jesús  Sixto Díaz Rodríguez, le llegase un céntimo. Simplemente, se le daba por muerto. Una leyenda decía que se había inmolado en pleno concierto, otra que se había pegado un tiro.

Esta película recoge la larga investigación de dos sudafricanos para averiguar qué había ocurrido con Sixto Rodriguez.

Para ver la película Searching for Sugar man pincha aquí/1 y aquí/2

 

LP recopilatorio de Sixto Rodriguez (audio)

El placer de la lectura

 

Conseguir que doce mujeres se pusieran frente a una cámara e intentaran leer párrafos escogidos de sus libros favoritos mientras sentían un orgasmo fue la idea –finalmente concretada– que tuvo el fotógrafo y artista neoyorquino Clayton Cubitt  para filmar una serie de vídeos titulados “Literatura histérica”.


Los vídeos  proporcionan una imagen íntima, y hasta divertida, de la batalla que se libra entre el cuerpo y la mente, sin ningún tipo de censura, sin pudor y absolutamente genuina. Doce mujeres desinhibidas y valientes que colaboraron con Cubbit en este especie de experimento psicológico que tiene mucho de reivindicación artística, de interacción entre sexo y literatura. “Yo los enfrento: pongo el libro encima de la mesa y el sexo debajo, a ver quién gana”, afirma. Y gana siempre el vibrador, claro.

Clayton Cubbit buscaba explorar –y creemos que lo ha conseguido– esas zonas límite donde la mente ya no alcanza a gobernar el cuerpo, a pesar de todas las directrices, mandatos y órdenes que se le puedan dirigir. Es interesante leer las declaraciones que hicieron posteriormente estas ‘voluntarias’ sobre lo que estaba pasando por sus mentes en esos momentos, conforme perdían el seguimiento de lo que leían y su cuerpo se dejaba vencer. Todas ellas aseguraron que la lectura se volvió un trance casi religioso y que no recordaban la última mitad de lo que leyeron.

Más información (en inglés) en Hysterical Literature.

El aroma prohibido de las pubescentes de Balthus

Balthasar Klossowski de Rola (París 1908-2001), conocido como Balthus, no se había expuesto en Francia desde la retrospectiva en el Centro Pompidou en 1983. Probablemente porque sus cuadros desprenden un aroma sexual  adolescente, prohibido como algo perverso. Sin embargo, son estas pinturas de un turbio clasicismo las que le han valido el reconocimiento general en el mundo del arte moderno.

Hace un año y medio aproximadamente, la prestigiosa galería Gagosian abrió en su sede de París una exposición de pinturas y dibujos de Balthus que mostraba su lado más intimista. Esta reciente muestra de su obra se completaba con una amplia representación de los estudios del pintor con la cámara Polaroid cuando, al final de su vida, no podía valerse de sus manos para pintar.

En estas fotos se ha querido ver su visión más atrevida de sus modelos adolescentes hasta el punto que en Essen, Alemania, se cerró una exposición de estos trabajos hace sólo dos años, ejemplo de la censura en una sociedad avanzada. A lo largo de su vida, Balthus fue acusado en varias ocasiones de pedófilo por sus cuadros, lo que se demostró siempre sin fundamento alguno.

"Le salon" 1941-43

“Le salon” 1941-43

"La chambre" 1952

“La chambre” 1952

Thérèse Dreaming , 1938

Thérèse Dreaming , 1938

Caminando a través de las salas de la Galería Gagosian, en esta reciente muestra de la obra de Balthus, quizás haya habido más de una decepción ya que sólo siete de sus cuadros se cuelgan allí, incluyendo el titulado Jeune fille à la mandoline (foto primera), que el artista y aristócrata dejó inacabado a su muerte en 2001. Sin embargo,  fueron presentados cincuenta dibujos que son a  menudo trabajos preparatorios de pinturas,  los cuales ofrecen una visión más íntima del artista. Balthus, con su trazo firme y sensible no olvida su gusto por las lolitas como motivo de sus cuadros, como otros describen paisajes.

 

El monte Fuji con tiempo claro, por Katsushika Hokusai

    Katsushika Hokusai(Tokio 1760-1849) está considerado como el máximo exponente de la escuela de grabados Ukiyo-e, o pinturas del mundo flotante.  A mediados del siglo XIX sus grabados, como los de otros artistas japoneses, empezaron a importarse a París, Francia, donde se coleccionaban con gran entusiasmo, en especial por parte de impresionistas de la talla de Claude Monet, Edgar Degas y Henri de Toulouse-Lautrec, cuya obra denota una profunda influencia de dichos grabados.  

A los quince años, entró a trabajar en el taller del artista de Ukiyo-e Katsukawa Shunsho y con él aprendió la técnica del grabado con planchas de madera, especializándose en retratar actores. A partir de 1796 comenzó su trabajo autónomo con álbumes de grabados y grabados aislados, firmando algunas de sus obras con el seudónimo de Hokusai.

Hacia 1800 ya era un artista conocido gracias a la exhibición pública de sus obras, como la pintura de 240 m2 de Bodhidharma que pintó en un templo en 1804. Después de 1806 su estilo se tornó más monumental y clásico, tras el periodo en que se dedicó a ilustrar novelas históricas. Las xilografías, ilustraciones para libros y paisajes más conocidos fueron realizados entre 1830 y 1840.

Paso de Inume en la provincia de Kai

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Las líneas curvas y de gran soltura, características de su estilo, fueron evolucionando gradualmente hacia una serie de espirales que añadieron una libertad y elegancia aún mayores a su obra, como puede observarse en Raiden (el Espíritu del trueno). Era famoso por la energía y espontaneidad de su genio creador, cosa que con la edad se incrementó aún más. En las obras de su última época utilizaba pinceladas amplias cortadas y una técnica de coloreado que le daba una cualidad más sombría.

Entre las más conocidas están el cuaderno de dibujos en 13 volúmenes Hokusai Manga (comenzado en 1814) y la serie de grabados conocida como Fugaku sanjurokkei (Treinta y seis vistas del monte Fuji, c.1826-1833), máximo exponente de sus grabados de paisajes, que contiene algunas de las imágenes más famosas de la tradición artística japonesa.

Su capacidad creativa se mantuvo siempre activa hasta que un incendio destruyó sus bocetos y materiales de trabajo en 1839, tras lo cual continuó trabajando pero de modo más pausado. Sus últimas obras, realizadas poco antes de morir a los 89 años, ponen de manifiesto su enorme capacidad y determinación artística para superar los achaques de la vejez.

El sueño de la mujer del pescador

El sueño de la mujer del pescador

Pescador y buceadora se besan

Pescador y buceadora se besan

Quince años antes de muerte, Hokusai había escrito” […] a la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de 50 había producido un gran número de dibujos, con todo, ninguno tenía un verdadero mérito hasta la edad de 70 años. A los 73 finalmente aprendí algo sobre la verdadera forma de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, las hierbas o los árboles. Por lo tanto a la edad de 80 años habré hecho un cierto progreso, a los 90 habré penetrado más en la esencia del arte. A los 100 habré llegado finalmente a un nivel excepcional y a los 110, cada punto y cada línea de mis dibujos, poseerán vida propia […]

La gran ola Kanagawa, primer grabado de la serie dedicada al monte Fuji

La gran ola Kanagawa, primer grabado de la serie dedicada al monte Fuji

Con estas convicciones, Hokusai trabajó hasta el último día de su existencia. Era un artista enérgico que se levantaba temprano y pintaba hasta la noche. Ésta había sido su forma de actuar durante toda su larga y productiva vida, y fue también la de sus años finales. De los millares de libros y de impresiones de Hokusai, sus Treinta y seis vistas del Monte Fuji son particularmente notables. Publicada entre 1826 y 1833, esta famosa serie, que con los suplementos incluía un total de 46 impresiones a color, marcó un hito en la impresión japonesa de paisajes. La grandeza del diseño y la habilidad de la ejecución no había sido alcanzada hasta ese momento, incluso en el trabajo de su contemporáneo Utagawa Hiroshige. En conjunto, Hokusai tuvo una gran producción artística integrada por unas treinta mil obras

Y aparece la liebre y ya no tiene frío

17 de octubre de 1935. Habiendo recomenzado esta mañana y terminado el poema de la liebre, del cual, justamente por culpa de la liebre, desesperaba, siento cierta osadía para perseverar en el oscuro esfuerzo. Me parece haber conquistado de veras tal instinto técnico que, sin pensar deliberadamente en ellas, mis fantasías me brotan ya imaginadas de acuerdo con esa fantástica ley que mencionaba ello de octubre. Y mucho me temo que eso significa que ya es hora de cambiar de música, o al menos de instrumento. Si no, llego a un punto en que, antes aun de componer la poesía, esbozo un ensayo crítico. Y la cosa se convierte en un asunto tan burlesco como el lecho de Procusto.

He aquí la fórmula hallada para el futuro: si antaño me torturaba por crear una mezcla de mis lirismos (apreciados por su ardor pasional) y de mi estilo epistolar (apreciable por el control lógico e imaginativo) y el resultado fueron los Mares del Sur con toda su coda, ahora debo encontrar el secreto para fundir la fantástica y sentenciosa vena de Trabajar cansa con la otra, burlona y realistamente entonada a un público, de la pornoteca. Y es indudable que eso exigirá la prosa.

Porque sólo una cosa (entre tantas) me parece insoportable para el artista: no sentirse ya en los comienzos.

Simplicidad

El solitario –quien ha estado en prisión- vuelve a su encierro
cada vez que muerde un pedazo de pan.
En prisión soñaba con una liebre que huía
sobre la tierra invernal. En la niebla de invierno
el solitario vive tras los muros del camino, bebiendo
agua fría y mordiendo su pedazo de pan.

Uno cree que después renacerá la vida,
que la respiración se calma, que regresa el invierno
con el olor del vino en el caliente hostal,
y el buen fuego, el establo y la cena. Uno cree,
finalmente, que se está dentro, uno cree. Si sale afuera una tarde,
y a la liebre la han apresado y la cocinan caliente
los otros, alegres. Desearía mirarla a través de la vitrina.

El solitario intenta entrar para beber una copa
cuando él mismo se congela, y contempla su vino:
el color humeante, el sabor pesado.
Muerde su pedazo de pan, que sabía a liebre
en prisión, pero que ahora no sabe a pan
ni a nada. Y el vino sólo sabe a niebla.

El solitario piensa en ese campo, contento
de saberlo ya arado. En la sala desierta
en voz baja se pone a cantar. Vuelve a ver
a lo largo del cerco el mechón de la zarza desnuda
que en agosto fue verde. Da un silbido a su perra.
Y aparece la liebre y ya no tiene frío.

Cesare Pavese

Fragmentos pertenecientes al diaro de Cesare Pavese “El Oficio de vivir” — Ilustración: La joven liebre, de Alberto Durero

Profetas de la fotografía

Las bellas artes [incluída la fotografía] fueron instituídas en un tiempo muy distinto del nuestro, por hombres cuyo poder de acción sobre las cosas era insignificante comparado con el que nosotros poseemos. Pero el asombroso aumento de nuestros medios, la flexibilidad y la precisión que alcanzan; las ideas y los hábitos que introducen, nos aseguran cambios próximos y muy profundos en la antigua industria de los Bello.
Hay en todas las artes una parte física que ya no puede ser mirada ni tratada como antes, que no puede ser mantenida al margen de las empresas del conocimiento y del poder modernos. Ni la materia ni el espacio ni el tiempo son de veinte años a esta parte lo que habían siempre sido. Hay que esperar que tan grandes novedades transformen toda la técnica de las artes, influyendo con ello en la inventiva misma y quizá llegando a modificar maravillosamente la noción misma del arte. (PAUL VALERY, “La conquista de la ubicuidad”, Pièces sur l’art) –

Acercar espacial y humanamente las cosas es una aspiración tan ardiente de las masas actuales como su tendencia a superar lo irrepetible de cada hecho recibiendo su reproducción. Cada día se hace más inevitable la necesidad de adueñarse del objeto en la máxima proximidad de la imagen, o mejor dicho, en la copia, en la reproducción. Pues la reproducción, tal como nos la proporcionan los periódicos y los noticiarios, se distingue de la imagen sin lugar a dudas. En la imagen, la singularidad y la perduración están tan estrechamente entrelazadas como en la reproducción el carácter efímero y la posibilidad de repetición. (WALTER BENJAMIN, “Sobre la fotografía”)

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Sombras en el mar

Al término de las aguas verdegrisáceas, como un sorprendente remate, aparece una delgada línea brillante, fantásticamente iluminada, que es la propia del horizonte. Su borde cabrillea a todo lo largo iluminado por el sol, convirtiendo en inquietante la sombra que se abate sobre el resto de la superficie del mar, en aquel juego de nubes.

Woodstock, tantos años después

Dicen que si puedes recordar Woodstock es porque no estabas allí. Casi cinco décadas más tarde, la ciudad de Bethel (Nueva York), que durante tres días fue el escenario del legendario festival de rock, está ayudando a que la gente no lo olvide. El Museo de Bethel Woods abrió el pasado mes una importante muestra retrospectiva con proyecciones de varios cortometrajes que se filmaron durante los conciertos –no se incluye el famoso documental Woodstock dirigido por Michael Wadleigh y montado por Martin Scorsese, que ganó un Oscar en 1970– entrevistas con muchos de los asistentes y otras exposiciones sobre aquel mítico evento.

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El festival de Woodstock de 1969, que incluía a grupos y artistas como Country Joe and the Fish, Ten Years After, Janis Joplin, The Grateful Dead, Jefferson Airplane, Joe Cocker y Jimi Hendrix, será recordado siempre por el «reagrupamiento» de la contra-cultura norteamericana y por el nacimiento de toda una generación musical. El evento –al que asistieron más de medio millón de personas– representó un hito en el uso de la música como un medio de expresión política. Se convirtió, pues, en el icono de una generación de jóvenes estadounidenses opuestos a la guerra de Viet-Nam, que pregonaba la paz y el amor como forma de vida y mostraban su rotundo rechazo al sistema.

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Mandatory Credit: Photo by Fotos International / Rex Features

Janis Joplin y Joe Cocker en Woodstock

En los cuarenta y siete años transcurridos, Woodstock se ha convertido en el tema de numerosos libros, artículos de prensa y documentales que han servido para mantener viva la nostalgia de los años sesenta y el impacto que supuso aquella época en la cultura y en la música popular. Durante el festival se vivieron tres intensas noches de rock, sexo y consumo de drogas como la marihuana y el LSD. Aunque inicialmente el concierto se organizó pensando que conllevaría enormes pérdidas económicas para la organización, el éxito de la película de Michael Wadleigh consiguió finalmente que uno de los más conocidos y multitudinarios concierto del siglo XX resultara rentable.

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Para conmemorar estos 47 años, ha salido al mercado Woodstock: 3 Days of Peace and Music, una reedición de la película con cuatro horas de duración y el añadido de 18 actuaciones inéditas de grupos y cantantes como Creedence Clearwater Revival, The Grateful Dead, Johnny Winter, Mountain y The Paul Butterfield Blues Band. También se ha apuntado a este cumpleaños el director Ang Lee, que ha realizado la película Taking Woodstock sobre la vida del entonces joven agente inmobiliario Sam Yasgur, que a mediados de agosto de 1969 logró que el festival se trasladase a la localidad de Bethel, tras retirársele el permiso en la cercana Walkill.

Joe Cocker – A Little Help From My Friends