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Londres y sus librerías

Londres, esa ciudad en la que se puede elegir un canal de televisión al azar y encontrarse con Germaine Greer (escritora, feminista y profesora de literatura en la Universidad de Warwick),  gritando: “¡Lo sé, lo sé, pero en este momento no lo recuerdo…!” en el programa-concurso The Book Game, donde conocidos autores son invitados a identificar pasajes literarios de obras famosas que se leen sobre la marcha. Una especie de examen para los escritores, y un modo de que el público se familiarice con los genios de rostro humano.

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A pesar de la excelente calidad de su televisión –que se alimenta en parte de las grandes novelas victorianas, y de la minuciosa reconstrucción de aquella época– los ingleses, como lo atestiguan las numerosas y frecuentadísimas bibliotecas públicas, siguen siendo grandes lectores, si bien lectores irreductiblemente tradicionales. Una vuelta por las librerías en Londres se convierte casi siempre en una nostálgica vuelta al pasado ante la abrumadora cantidad de Biografías, Autobiografías, Memorias, y Relatos de Viajes de todo tipo, que evocan casi siempre con humor un mundo a veces no tan lejano… Entre las novedades actuales podríamos citar Water for Elephants (Agua para elefantes), una excelente novela de Sara Gruen, junto a The Appeal de John Grisham y A Thousand Splendid Suns, de Khaled Hosseini. Y en muchas librerías londinenes, en lugar preferente, todavía puede verse un atractivo poster anunciando la versión inglesa del clásico catalán Tirant lo Blanc. También en todas las librerías, World Without End de Ken Follet, destinada a convertirse en otro super best-seller también en este país, y con portada bastante más atractiva que la de la edición americana.

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The Book Game se juega también en las ferias del libro de segunda mano, como la que se celebra en agosto en Bloomsbury, donde pueden encontrarse toda clase de joyas y curiosidades, desde una Historia de la Literatura Española de un erudito alemán (F. Bouterwerk), publicada en 1847 y traducida del alemán al inglés por una tal Tomasina Ross, hasta los volúmenes de homenaje editados a finales de los años treinta en memoria de los poetas ingleses –John Cornford, Julian Bell… que murieron luchando en España a favor del bando republicano. El tema de la Segunda Guerra Mundial y el de la Guerra Civil española, piedra de toque que marcó a toda una generación, casi siempre está en el aire, y el famoso poema de Auden Spain, que se vendía por la calle para recoger fondos para la República, puede comprarse ahora por 22 libras envuelto en celofán… Cinco páginas de una primera y única edición que ya es Historia.

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Para terminar con este interminable juego de los libros, cabe destacar que sigue presente en las librerías londinenses un libro nuevo que parece viejo, un Penguin con precio viejo en la portada (6 chelines) mientras el precio actual resulta difícil de averiguar… Se trata de la edición facsímil del Ariel de André Maurois, reeditado porque fue uno de los primeros títulos de la colección Penguin, que celebró cumpleños recientemente.

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Y mientras una de las primeras y mejores colecciones de libros de bolsillo incluye ya una amplia serie de clásicos, la editorial feminista Virago, que tantos y tan valiosos títulos de libros escritos por mujeres ha rescatado, estrenó librería propia cerca del Covent Garden. Decorada con el mismo color verde esperanza característico de la colección, en las ramas que cobijan los libros del escaparate se materializa la alegre contraseña de la casa: una tentadora y desafiante manzana roja, una apetitosa manzana mordida… God save the Queen!

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Christina Quarles y el postsurrealismo carnal

Como un bello espectáculo carnal y post-surrealista, las pinturas semifigurativas de la artista Christina Quarles, radicada en Los Ángeles pero nacida en Chicago en 1985,  hablan de deseos y ansiedades que recorren campos variados. Quarles, una artista con una extraña identidad afroamericana, de piel clara, canaliza sus experiencias vividas, incluidas las de identidad racial equivocada, hacia dualidades y desplazamientos en imágenes eróticamente cargadas en las que reina la intención de representar las contorsiones imposibles del sexo.

“Boy, Yer Gunna Carry That Weight”, 2016

“A part Apart (Fade)”, 2017

“Double Down”, 2017

“Vamos a vivir con agua el resto de nuestras vidas”, 2017

“Grounded By Tha Side of Yew”, 2017

“Pull on Thru Tha Nite”, 2017

“A Shadow Of Wut I Once Was”, 2017

Christina Quarles utiliza el acrílico con una sensación de “perfomance”.De un modo diverso, diluye la pintura como una acuarela, la coloca en un empaste grueso o dibuja con ella, especialmente en los dedos representados con precisión de sus figuras. Algunas partes de sus lienzos permanecen desnudas, mientras que otras secciones están muy desarrolladas. Su técnica impresionante invita a comparaciones con maestros modernos.

Mientras que las figuras de Quarles a menudo participan en actos eróticos, el placer en el que se deleitan está teñido de la posibilidad de dolor. En A Shadow of Whut I Once Was , dos mujeres se abrazan en un piso de tablero de ajedrez que se traga la inferior. Doubled Down ilustra un enredo similar. Aquí, una mujer de pie, desnuda, parece ser arrastrada a las profundidades del infierno por un amante que está sumergido en un plano fino como una navaja, compuesto de manchas de aceite negras, moradas y verdes. En el aún más macabro Pull on Thru tha Night, dos sujetos están enmarcados por un cielo estrellado. Uno de ellos, doblado en la cintura, parece llevar un cuerpo abultado y apresuradamente articulado sobre su espalda mientras es apoyado por la otra figura, que se sienta con las piernas cruzadas, su pecho goteando una gota de sangre.

“Din’t We, Didn’t We, Din’t I Have a Gud Time Now?”, 2017

“Hold Tha Line (Hold That Thot), 2017

“Our eyes our open/are eyes are open”, 2017

“Faced”, 2016

“yer Tha Sun in my Mourning Babe”, 2017

“Swipe Just Right”, 2016

“Just Hold on and I’ll Hold ‘Em Off”, 2016

“Flower Over n’Bent into Two”, 2017

Apenas un año después de la escuela de posgrado, Quarles ha atraído la atención por su nueva visión de las tradiciones pictóricas históricas. Pero son sus representaciones inquebrantables de la sensualidad extrañadamente entrelazada y la abyección femenina lo que la distingue como un pintor de nuestro momento.

Según la propia Christina Quarles, cuando se refiere al sentido de sus pinturas, “La contradicción de mi ancestro negro junto con mi piel clara,  tiene siempre como resultado un desplazamienro. A lo largo de mis pinturas, hay planos de perspectiva que sitúan y fragmentan los cuerpos que dividen: la ubicación se convierte en dislocación. Las categorías fijas de identidad pueden utilizarse para marginar, pero, paradójicamente, pueden ser utilizadas por los marginados para ganar visibilidad y poder político. Esta paradoja es el enfoque central de mi práctica.”

“Moon”, 2017

“Here in Tha Sound of Tha Things Yew Said Today”, 2017

© Christina Quarles

Wendy Vogel

Los “empastos” de Fautrier, en el MAM de París

Alrededor de 1946, después de la guerra,  Jean Fautrier comenzó una nueva serie que tituló Objetos. Representa objetos banales: vasos, jarras, latas, frascos, cajas de cartón, carretes. Da consistencia y vida a estos objetos. Fautrier tiene éxito en la destreza de mostrarnos el alma del objeto, el nacimiento del objeto. Este tintero no es la representación exacta de una pequeña botella de tinta, es la esencia, la verdad, la autenticidad de un tintero que nos presenta el artista. Si se mira detenidamente: sin duda, este tintero también es un hombre.

Con una obra que ha sido poco expuesta, este solitario artista, Jean Fautrier, es hoy considerado el precursor más importante del arte informal en 1928, inventor del “empaste grueso” en 1940 y una figura importante de la renovación del arte moderno después del cubismo.

La gran retrospectiva de Fautrier que ahora se exhibe el el Museo de Arte moderno (MAM) de París hasta el próximo 20 de mayo, está compuesta por alrededor de 200 obras, entre ellas cerca de 160 pinturas, dibujos y grabados, así como una importante colección de esculturas, de numerosas colecciones públicas y privadas, francesas y extranjeras.

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Sin título, 1952

“Croisillons”, 1958

Atardecer, 1959

Vegetaux

Nature morte aux poires, 1928

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Lagos helados, 1955

Jean Fautrier (1898-1964). Photographie d’André Ostier. 1954. Paris, musée d’Art moderne.

Le jolie fille, 1944

L’arbre vert

Le violon

La carrera de Jean Fautrier comenzó en 1920. Su pintura, figurativa en ese momento, estaba compuesta por naturalezas muertas, paisajes y desnudos en estilos que iban desde un  crudo realismo hasta formas casi abstractas y oscuras. Después de un breve período de reconocimiento, la crisis económica del 29 frenó su carrera artística. Se vio obligado a abandonar París a principios de la década los 30, vivió en los Alpes durante varios años, trabajando como instructor de esquí y gerente de un hotel con su propio salón de baile.

Sarah, 1943

Al regresar a París en 1940, conoció y renovó su amistad con escritores como André Malraux, Francis Ponge, Paul Éluard, Georges Bataille y, especialmente, Jean Paulhan, quien se convertiría en su defensor más ferviente.  Durante los años de la guerra, desarrolló una nueva forma de imagen en la que la materia toma cada vez más importancia en la representación de objetos, paisajes o cuerpos. Para ello inventa la técnica del “empasto” apilando gruesas capas de pintura blanquecina con una espátula.

Nu feminin allongé, vers 1937

Nature morte (Les pommes à cidre)

Gens

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Nature morte. Les poissons, 1927

Sans titre

En sus famosas series –Otages (Rehenes, 1943-1945), Objetos (Objetos, 1955), Nus (Desnudos, 1956) y Partisanos (Partidarios, 1957)– los efectos de textura se convierten en el tema principal de la obra. Jean Fautrier utiliza una pintura de cola que mezcla las masas de pigmentos con tintas transparentes u opacas, de las cuales emergen armonías rebuscadas y luminosas, creando así diversos empastos y texturas que causan cierta ansiedad.

En 1960 el artista parisino fue ampliamente aclamado en la Bienal de Venecia, donde compartió el Gran Premio de Pintura con Hans Hartung. Jean Fautrier murió durante el verano de 1964, justo después de su primera retrospectiva en el Musée d’Art moderne de la Ville de Paris.

Arte digital de Catrin Welz-Stein

Catrin Welz-Stein  nació a mediados 1972 en la ciudad de Weinheim, al oeste de Baviera (Alemania), estudió diseño gráfico en la Graphic Design of Darmstadt y trabajó para agencias de publicidad de Estados Unidos, Suiza y Alemania. En 2009 decide apostar por sus propios proyectos, y desde entonces y a partir de fotografías e ilustraciones antiguas, ha logrado un estilo único y reconocible que la ubicó definitivamente en el mapa de las grandes promesas europeas del arte digital.

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La artista alemana crea obras surrealistas empleando antiguas fotos, las cuales transforma a través de técnicas mictas y Photoshop.    “Gran parte de mi trabajo -dice Catrin-  es la búsqueda de la licencia libre de imágenes, ilustraciones o fotografías; o de aquellas fotos sobre las cuales los derechos de autor hayan expirado. Una vez que he encontrado la imagen apropiada, la rompo en pedazos para tejerla de nuevo mezclada con otras imágenes. Transformar, montar y retocar las piezas, hasta que la imagen original ya no es reconocible y se crea una imagen totalmente nueva”.   Actualmente Catrin Welz-Stein vive y trabaja en Malasia.

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Inspirada por el surrealismo, sus creaciones se nutren de imágenes sacadas de libros y revistas antiguas, así como fotografías de época que luego reinterpreta digitalmente. A partir de estos materiales básicos, desintegra y reconstruye las imágenes para luego editarlas.

Fotógrafos callejeros (black and white)

El estilo fotográfico que hoy se conoce como fotografía de calle o fotografía callejera, por usar un término más popular (streetphotography, en inglés), se comenzó a crear y a extender a principios del siglo XX. Fue entonces cuando apareció la fotografía directa de Paul Strand (Nueva York 1890-1976) que preconizaba la ausencia de manipulación como condición de esta modalidad fotográfica, lo cual se transformó en un credo entre los fotógrafos estadounidenses y, más tarde, en un criterio de valor que todavía prevalece en la mente de muchos fotógrafos actuales.

Oliver Merce

La niña de la cara triste, Andrés César

A night in Istambul, Andrea Ratto

sunday theme : Daido style, Benoit Melet

Paul Henri Cartier-Bresson (1908-2004) considerado uno de los padres del fotorreportaje, y que también tuvo sus inicios en la pintura, tenía como premisa en sus fotos, la misma idea de no manipulación, de una “fotografía directa”, hasta tal punto que siempre perseguía “ese instante decisivo”. Él mismo decía:

“Tu ojo debe ver una composición o una expresión que la misma vida te ofrece, y tú debes saber con intuición cuándo apretar el botón de la cámara”

Luiso Picon

Doors in the sea, Andrés César

Untitled 44, Udai Singh

Rain in NYC, Neil Persh

El carácter humanista de sus fotos hacía que, lógicamente, la condición humana fuera para Cartier-Bresson la protagonista de sus trabajos. De ahí, que, si se une tanto esa falta de manipulación como la figura humana, el resultado es que se le considere, actualmente, el padre de la “fotografía de calle”.  Aunque en su época aún no existía ésta expresión por lo que, al parecer,Cartier-Bresson y sus colegas dieron continuidad al término de “fotografía directa” que preconizó Strand.

Aunque las personas por lo general son los principales sujetos de la fotografía callejera, la ausencia de personas, su huella, o elementos propios de entornos urbanos con carácter estético, cómico o de denuncia aparecen también en ocasiones.

Untitled, Cris Tuarissa

Ami Strachan

Untitled, Tadashi Onishi

La “fotografía de calle”, persigue lo anecdótico, lo surrealista, lo poético o lo humorístico, todo ello sin manipular nada, sin preparar el entorno ni a sus protagonistas. Si además, se añade que hay que pensar en cuestión de segundos una composición atractiva para que finalmente la foto funcione, hace de este género, no sólo uno de los más complicados, sino por ende, uno de los más emocionantes.