Ciudades, Modernismo
Comments 10

L’art nouveau viste Barcelona de joyas modernistas

A finales del siglo XIX, durante la Exposición Universal de 1888, Barcelona era una ciudad en efervescencia en la que la arquitectura vivía un momento notable, convirtiéndose en aquellos años en un signo de estatus social de la próspera burguesía de la época. Tener una casa modernista significaba figurar, estar al día en los círculos sociales.

Para colmar las expectativas y vanidades de sus clientes, los arquitectos utilizaron en su obra todo su repertorio de recursos: ornamentos florales, riqueza escultórica y trabajo del hierro forjado, formas onduladas, vidrieras policromas, esgrafiados, detalles cerámicos, etc. A menudo las grandes ciudades pueden asociarse con edificios y monumentos que se convierten en sus emblemas universales. Éste, sin embargo, no es el caso de Barcelona. La personalidad arquitectónica de esta ciudad se caracteriza más por su paisaje urbano que por grandes singularidades. Uno de los lugares en los que este paisaje urbano es más excepcional es el Eixample, una zona en la que durante los años anteriores y posteriores a 1900 se produjo un fenómeno arquitectónico extraordinario: el Modernismo, la particular versión local del Art Nouveau, corriente de gran explosión creadora que también dejó su huella en la arquitectura de otras ciudades europeas como Viena, Munich, Nancy, Bruselas, Glasgow o Berlín.

Remate de la Casa Batlló

Recinto modernista de San Pau

Casa Amatller

Construcciones modernistas en el Paseo de gracia de Barcelona

Los promotores

Los hombres y mujeres que hicieron posible el Modernismo en la Ciudad Condal formaban parte de un grupo social privilegiado de fabricantes, inversores, banqueros y gente recién ennoblecida que se había enriquecido gracias a la coyuntura de finales del siglo XIX, según ha escrito Dolors Llopart, una coyuntura a la que no era ajena la repatriación de capitales desde la isla de Cuba tras la pérdida de las últimas colonias por parte de España.

La manera más clara que tenían estos burgueses para distinguirse era encargar un edificio absolutamente nuevo en el Eixample, que se estaba urbanizando: lo consideraban un signo de distinción. La admiración o la envidia por una casa singular, como fue la de la familia Batlló, reformada por Antoni Gaudí, fue lo que motivó que Pere Milà encargara la construcción de su casa al mismo arquitecto y en el mismo paseo de Gràcia; de ahí nació la Casa Milà, conocida como la Pedrera. Las instituciones también quisieron levantar algunos edificios singulares en clave modernista, como el Hospital de Sant Pau, de Domènech i Montaner, o el templo de la Sagrada Família, de Gaudí.

Casa Vicens

Casa Comalat

Palau de la Música Catalana

Casa Batlló

Escultores como Josep Llimona, Miquel Blay y Enric Clarasó destacaron en la realización de estatuas modernistas. Posiblemente el Desconsol, de Llimona, en la antigua plaza de armas del Parque de la Ciutadella, y La cançó popular, de Miquel Blay, que cierra el chaflán del Palau de la Música, sean dos de las esculturas más representativas del fenómeno, pero no las únicas. El propio cementerio de Montjuïc y el de Poblenou son un escaparate constante.

Por otro lado, Ramon Casas y Santiago Rusiñol fueron la punta de lanza del Modernismo en la pintura, y un café como Els Quatre Gats, habilitado en la planta baja de la Casa Martí, obra modernista de Puig i Cadafalch, en la calle Montsió, acogió a aquellos que creían a pies juntillas en los mandamientos del arte nuevo. Algún cartel de Picasso no desmerece del calificativo de modernista que se ganaron los más conocidos de Alexandre de Riquer y Adrià Gual.

Interior modernista

Casa Millá, conocida como La Pedrera

Ventanas de la casa Batlló

La Torre de la Cruz

Al igual que los carteles, también destacaban las portadas de algunos libros, impresos por editoriales como Montaner i Simón, y revistas como, por ejemplo, Pèl & Ploma, Joventut, Hispania, Garba, etc. En literatura, dos de los momentos culminantes del Modernismo escrito se vivieron con la publicación de Els sots feréstecs, de Raimon Casellas, y Solitud, de Víctor Català. La representación en Sitges, en 1897, de La fada, obra de Jaume Massó i Torrents, director del semanario L’Avens, significó un hito para el teatro simbolista, que iba de la mano del Modernismo.

Anuncios

10 Comments

  1. Adoro el modernismo o ‘art nuveau’ catalán, estilo artístico que personalmente me apasiona. De hecho, hace un mes estuve recorriendo casi todos los lugares con los que ilustras tu artículo. Siempre que voy a Barcelona intento visitar los edificios modernistas del Paseo de Gracia y el Parque Gúell, y desde luego, siempre saco un rato para recorrer La Boquería. Y si estoy en domingo, el Mercat de Sant Antoni con sus paradas de libros viejos.

    Gracias por tu excelente artículo. Abrazos.

    Le gusta a 1 persona

    • Gracias a ti por contarnos tus paseos por los edificios barceloneses modernistas; compartimos tu pasión y fidelidad por el Art Nouveau. Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s