Arte, Fautrier
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Los “empastos” de Fautrier, en el MAM de París

Alrededor de 1946, después de la guerra,  Jean Fautrier comenzó una nueva serie que tituló Objetos. Representa objetos banales: vasos, jarras, latas, frascos, cajas de cartón, carretes. Da consistencia y vida a estos objetos. Fautrier tiene éxito en la destreza de mostrarnos el alma del objeto, el nacimiento del objeto. Este tintero no es la representación exacta de una pequeña botella de tinta, es la esencia, la verdad, la autenticidad de un tintero que nos presenta el artista. Si se mira detenidamente: sin duda, este tintero también es un hombre.

Con una obra que ha sido poco expuesta, este solitario artista, Jean Fautrier, es hoy considerado el precursor más importante del arte informal en 1928, inventor del “empaste grueso” en 1940 y una figura importante de la renovación del arte moderno después del cubismo.

La gran retrospectiva de Fautrier que ahora se exhibe el el Museo de Arte moderno (MAM) de París hasta el próximo 20 de mayo, está compuesta por alrededor de 200 obras, entre ellas cerca de 160 pinturas, dibujos y grabados, así como una importante colección de esculturas, de numerosas colecciones públicas y privadas, francesas y extranjeras.

Ft.30

Sin título, 1952

“Croisillons”, 1958

Atardecer, 1959

Vegetaux

Nature morte aux poires, 1928

04_fautrier_theredlist

Lagos helados, 1955

Jean Fautrier (1898-1964). Photographie d’André Ostier. 1954. Paris, musée d’Art moderne.

Le jolie fille, 1944

L’arbre vert

Le violon

La carrera de Jean Fautrier comenzó en 1920. Su pintura, figurativa en ese momento, estaba compuesta por naturalezas muertas, paisajes y desnudos en estilos que iban desde un  crudo realismo hasta formas casi abstractas y oscuras. Después de un breve período de reconocimiento, la crisis económica del 29 frenó su carrera artística. Se vio obligado a abandonar París a principios de la década los 30, vivió en los Alpes durante varios años, trabajando como instructor de esquí y gerente de un hotel con su propio salón de baile.

Sarah, 1943

Al regresar a París en 1940, conoció y renovó su amistad con escritores como André Malraux, Francis Ponge, Paul Éluard, Georges Bataille y, especialmente, Jean Paulhan, quien se convertiría en su defensor más ferviente.  Durante los años de la guerra, desarrolló una nueva forma de imagen en la que la materia toma cada vez más importancia en la representación de objetos, paisajes o cuerpos. Para ello inventa la técnica del “empasto” apilando gruesas capas de pintura blanquecina con una espátula.

Nu feminin allongé, vers 1937

Nature morte (Les pommes à cidre)

Gens

Ft 18

Nature morte. Les poissons, 1927

Sans titre

En sus famosas series –Otages (Rehenes, 1943-1945), Objetos (Objetos, 1955), Nus (Desnudos, 1956) y Partisanos (Partidarios, 1957)– los efectos de textura se convierten en el tema principal de la obra. Jean Fautrier utiliza una pintura de cola que mezcla las masas de pigmentos con tintas transparentes u opacas, de las cuales emergen armonías rebuscadas y luminosas, creando así diversos empastos y texturas que causan cierta ansiedad.

En 1960 el artista parisino fue ampliamente aclamado en la Bienal de Venecia, donde compartió el Gran Premio de Pintura con Hans Hartung. Jean Fautrier murió durante el verano de 1964, justo después de su primera retrospectiva en el Musée d’Art moderne de la Ville de Paris.

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8 Comments

  1. Excelente entrada. Me gustaría añadir que parte de esta estética rotunda y descarnada se debe sin duda a la traumática experiencia de la Guerra, tras la que su trabajo se plasma antes como la huella del propio ser humano que como elemento icónico. En el Museo Nacional Reina Sofía se pueden ver obras suyas, para los que se acerquen por Madrid.

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    • Hola, balanegra. Muchísimas gracias por visitar Southeast y por tu interesantísimo comentario sobre la obra de Fautrier. Nuestra sincera felicitación por la calidad del fantástico trabajo que expones en tu blog. ¡Nos ha encantado!
      Abrazos y un feliz fin de semana.

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  2. Las experiencias de la guerra, importantísima en la obra de Fautrier, como lo subraya “balanegra”, son experiencias de la materia. Somos materia, masa. El dolor extremo siempre pasa por el cuerpo, por la materia. Y creo que es algo de lo fundamental que comprende Fautrier. El empasto (un poco como el monigote de barro que alguien fabricó en el paraíso) es materia representando la materia. Somos lo mismo, por eso el tintero también puede ser nuestro retrato.
    Siempre es una experiencia agradable venir hasta aquí.
    Saludos

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  3. Muy agradecidos por tu acertado comentario, Leonardo. Ciertamente, las experiencias vividas por Fautrier en la guerra fueron muy importantes a la hora de concebir su arte, pero creemos que también estuvo fundamentada en su negativa a contentarse con lo conocido. Al parecer, su lema era que había que traspasar las fronteras artísticas sin tener miedo a la experimentación.
    Un abrazo

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