Muro

O muro que você não pode saltar

Esta era la generación que iba a eliminar las fronteras nacionales. En vez de eso, están construyendo murallas para darles mayor concreción.

La muralla es la estupidez convertida en estructura visible. Si, como dijo Francis Scott Fitzgerald, la prueba de la verdadera inteligencia consiste en mantener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, (o en buen castellano: ver ambos lados de la misma moneda), la estupidez es de naturaleza mural. La muralla sólo se ve de un lado, no tiene ventanas y, por regla general, quien está situado en la parte superior porta un rifle que apunta al otro lado.

La muralla es de mal gusto. Es el bronceado naranja de la arquitectura,  la ceja caoba de las fronteras, que por sí solas ya no son muy elegantes. El Muro de Adriano y la Gran Muralla de China son de mal gusto. Su antigüedad no les otorga valor. Más que cualquier otra cosa, la muralla es un símbolo, pero aún como símbolo es poco imaginativo. Ya hay murallas figuradas –y más eficientes– que impiden la libre circulación de los seres humanos en todo el planeta.

El recurso desesperado por el cliché -el muro- en su variante más literal siempre indica el final de algo. Podría ser el fin de un imperio, de la inteligencia o simplemente de la justicia.

La muralla es el chupete del adulto infantilizado. Aplaca, pero no alimenta. Después de un tiempo comienzan a deformarse los dientes, despertando un impulso incontrolable de morder. El adulto tiene hambre, pero la muralla no sacia. El adulto con hambre y rabioso es perfecto para ocupar trincheras.

La trinchera es el sueño de la muralla, así como la muralla es el sueño de la trinchera.

Victor Heringer (Brasil)

Anuncios
This entry was posted in: Muro