mitología

Tritón y Nereida

Plagada está la mitología de adulterios, bestialismos e incestos. Los dioses concibieron bastardos, seres deformes y famosos hijos. El oscuro Tritón ostentaba ser hijo legítimo de Posidón y Anfitrite, reyes del mar. Reino nómada de nereas, hipocampos y titanes. Cortejo submarino sin fuego, que huele a algas y sabe a sal. Comedores de peces crudos, sueñan con compotas a fuego lento, con vino especiado, con torta y miel. Añoran las puestas de sol que disfrutan los bastardos, los deformes, los hombres con piernas.

Si Jasón el argonauta pierde su barco en tierra adentro y Tritón le guía de nuevo al mar es sólo por despecho, por envidia al terrícola.

Odio es lo que sienten Dioniso, dios de los placeres terrestres y Tritón, dios del inhóspito mar. Cuentan que Tritón reprimía en su cola de pez deseos de hombre, que acosaba en las playas a las bañistas desnudas con piropos y gestos obscenos. Un día, Dioniso, amigo de las mujeres, dejó varado en la arena un odre de vino, dulce como las caricias, y Tritón se embriagó. Indemne, dormido en la playa, las bellas mataron al bruto. Su cuerpo como el de una gran ballena se pudrió al sol a orillas del mar.

Patético Tritón, su único refinamiento fue hacer sonar la trompa con una caracola y nadar más rápido que nadie hacia el horizonte, océano adentro.

(Arnold Boklin, “Triton et Néréide”, 1874))


 
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